Miedo al compromiso. Lo tuyo no es estar con una sola persona por el resto de tu vida, la simple idea te genera malestar emocional. Cuando tienes pareja sueles preguntarte si estás en la relación correcta, si no pierdes algo al estar con tu pareja, si no terminarán mal… y este miedo te ha llevado a finalizar varias relaciones amorosas.
Salir de tu zona de confort. No deseas tener que tomar en cuenta a alguien más a la hora de tomar decisiones, amas tu espacio, que el dinero que ganas sea solo para ti, vaya amas tener una cama para ti sola y no tienes la mínima intención de que todo esto cambie.
Caer en la monotonía. Te aterra la idea de que con el matrimonio, lo único que los termine uniendo a tu pareja y a ti sea la costumbre.
Que realmente no sea el amor de tu vida. Piensas en la posibilidad de que ya casada, pudieras conocer a alguien más, resulte el verdadero amor de tu vida y tengas que dejarlo ir para no lastimar a nadie.
Eres celosa de tu espacio. Si bien te gusta compartir tiempo con tu pareja y seres queridos, también amas tener tu espacio y por lo mismo no te visualizas compartiendo el mismo techo con tu galán, pues sabes te sentirías invadida.
Miedo al divorcio. Cada vez son más los matrimonios que terminan en separación y no deseas ser parte de las estadísticas.
Miedo a la infidelidad. Si bien que te “pongan los cuernos” puede ocurrir con o sin papelito de por medio, en una relación truenas y ya, pero en un matrimonio implicaría pasar por un proceso de divorcio que puede ponerse tenso y ni hablar si hay hijos de por medio.
Relegar tu vida profesional. Piensas que al casarte, tu carrera profesional podría irse a pique y no estás dispuesta a sacrificarla.
No te interesa tener hijos. Te espanta la posibilidad de que estando casados y pese a haberlo hablado con anterioridad tu pareja se aferre a tener hijos ya casados y esto les genere tensión en su relación.
No crees en el papelito. Piensas que una pareja no necesita de un papel, sino de amor para mantenerse juntos.