Catalina era una trapecista argentina que trabajaba en los circos porteños, en la década de 1940.Venía de una familia de trapecistas. Su madre, su abuela y su bisabuela habían practicado la misma disciplina.
El destino de las tres también fue el mismo, y trágico: todas murieron por accidentes en el trapecio.Los espectadores que se prestaban a ver a Catalina, por su parte, conocían muy bien esta historia. Y antes de cada presentación, gritaban una advertencia que se iba a convertir en un dicho popular.
Antes de que comenzara sus acrobacias, le decían a la joven trapecista: «¡Agarráte, Catalina!».
Después, la frase se generalizó y hoy se sigue usando para prevenir a quien está a punto de enfrentar una situación extrema.









